MARTA TOPFEROVA

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MARTA TOPFEROVA --- Flor Nocturna
Fecha de lanzamiento: 12 de septiembre, 2006. World Village

Hay algo puro y elemental acerca del nuevo álbum de Marta Topferova titulado Flor Nocturna. El más reciente lanzamiento de la cantautora bajo el sello World Village le sigue a La marea, el existoso y aclamado álbum de 2005 (del mismo sello discográfico), pero adoptando un enfoque deliberadamente diferente al anterior.

El nuevo disco arriba tras las extensivas giras que Topferova ha realizado, ampliando así su público a nivel mundial. Ella se ha presentado en el Blue Note -el afamadísimo club de jazz de Manhattan-, ha compartido el escenario con la gran cantante peruana Susana Baca en el Queen Elizabeth Hall de Londres, y ha cantado en el Centro Cultural de la Villa en Madrid. A pesar de que radica en Nueva York, ella ha podido ganarse nuevos adeptos a su música en Sudamérica, en donde el auténtico espíritu de sus canciones ha encontrado oídos acogedores.

"Éste álbum es definitivamente más folklórico”, afirma Topferova, quien compone y canta en español, evocando una comprensiva gama de estilos y ritmos musicales latinoamericanos, particularmente de Colombia, Venezuela y Argentina.

Aunque ella viaja acompañada de algunos de los mejores músicos improvisadores de jazz, maestros de las percusiones y músicos tradicionales – algunos de los cuales participan en estas canciones - Topferova decidió no hacer arreglos para una banda musical completa. En este disco no hay un baterista, aunque podrán escuchar a Neil Ochoa tocando el cajón – un tambor de madera de origen peruano – y Adam Cruz tocando la marimba en varias canciones. Asimismo escucharán al chelista Erik Friedlander y al violista Ljova en la preciosa canción "Mar amargo", que cierra el álbum con un tipo de arreglo de música de cámara exuberante. Mas sin embargo, incluso estas florituras son bastante simples y se utilizan mayormente para poner bajo el reflector a algún músico solista – como a la violinista Jenny Scheinman, quien figura en las canciones "Zamba gris", "Los hermanos”, y "Ojos poderosos".

Topferova quería mantener las cosas simples, incluso orgánicas. “Quería que el cuatro y el bajo fueran el alma del sonido”, dice la cantante quien se acompaña a sí misma con el cuatro - la guitarra venezolana de cuatro cuerdas - junto con Pedro Giraudo en el bajo acústico. "No quería tener batería, platillos ni nada metálico. Envisioné esto como un disco de madera. Y esto es precisamente lo que es. Incluso la flauta (tocada por Yulia Musayelyan) tiene un cálido sonido orgánico”.

Esta táctica le atrae más atención al flujo de la voz y las letras de Topferova, que capturan sensaciones tanto fugaces como eternas, y se inspiran en el mundo por el que ella camina. "Escribí ‘Gaita de los chiquitos’ para mi sobrino”, nos cuenta ella. “Él es hermoso y muy tierno”, agrega. “Quería escribir una canción para niños optimista y movida. Esta incluye acordeón, mucha percusión y un coro de músicos interpretando toda la canción”. Lejos de tanta alegría, “Zamba gris”, la primera canción del disco, refleja la adusta y caótica vida callejera del vecindario neoyorquino donde vivía la cantante usando un lenguaje sombrío el cual flota sobre el ritmo del género musical argentino al que hace alusión el título.

Otras canciones como "Día lluvioso" y “Flor nocturna”, la canción que le da título a este nuevo álbum, descubren en las vistas cotidianas y en los fenómenos naturales los elementos de la agridulce añoranza. Estas son precisamente varias de las cualidades que primeramente atraparon la atención de Topferova y que la llevaron a interesarse por la diversa música de Iberoamérica y del Caribe que se han convertido en su vida.

"Nos cuentan ciertas historias", comenta sobre tales canciones tradicionales. "No son meras canciones de amor, como lo son muchas canciones clásicas de jazz. Para mí son fascinantes por su lírica, hablan de muchas cosas: los niños, la muerte, alguna cosa de la naturaleza, todas estas imágenes poéticas”.

La inclusión de un par de canciones compuestas por Atahualpa Yupanqui ilustra el profundo afecto de Topferova por dicho material. El legendario cantante y poeta del folklore argentino es poco conocido en los Estados Unidos, por lo que Marta quería crearle atención a su trabajo en este país. Ella se sorprendió al descubrir que “Pablo del Cerro”, la persona que aparece como coautor de "Los Hermanos" era de hecho una mujer. "Era el seudónimo que utilizaba su pareja con la que vivió por años”, nos comenta. La otra canción "Tú que puedes, vuélvete" también guardaba un secreto, su coautor, Hector Roberto Chavero es el nombre verdadero de Yupanqui.

La primera vez que Topferova escuchó música rural sudamericana fue siendo una niña en Praga, donde ella se crió. Amigos de sus padres, exiliados chilenos, trajeron grabaciones del legendario grupo andino Inti Illimani. “Me enamoré totalmente de ellas”, comenta. "No tenía idea de donde provenía esta música. Posteriormente, cuando me mudé a los Estados Unidos y escuché más música folklórica latinoamericana me dije: ¡Esto es! Esta es la música que realmente me habla”.

La cantante aprendió español de manera autodidacta y empezó a estudiar guitarra cuando cursaba la preparatoria en Seattle. Posteriormente realizó extensivos viajes - a España, Cuba, México, Puerto Rico, Argentina, y otros destinos – para absorber tanta música como le fuera posible. Ella se mudó a Nueva York en 1996, en donde se metió de lleno a trabajar con diversos grupos tradiciones, en particular con Lucía Pulido & Fiesta de Tambores, un grupo dedicado a la música colombiana y a la música llanera.

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La Marea 2005 World Village

Los checos no necesariamente son reconocidos por sus contribuciones a la música latina, pero no le digan eso a la cantautora de origen checo Marta Topferova, quien se está consolidando como una de las nuevas voces más frescas dentro del circuito de música latina de Nueva York. Ofreciendo una mezcla muy personal y atractiva de sonidos panamericanos, con sus sinceras y poéticas letras, así como con sus íntimas presentaciones en vivo, Topferova se ha ido ganando tanto al público latino como al anglosajón por igual. Su nuevo álbum La marea le lleva sus poderosas presentaciones en el escenario a un público completamente nuevo con está lúcida colección de diez canciones.

Nacida en Ostrava, en la antigua Checoslovaquia, la joven Topferova se mudó con su familia a Praga. Ahí ella comenzó su carrera musical a la edad de 8 años cantando en el coro infantil Mladi, cuyo repertorio estaba básicamente compuesto de música clásica y folclórica. Siendo una niña, ella estudió piano y guitarra, y a la edad de 13 años ella consiguió su propia guitarra. Praga puede ser un lugar inusual para enamorarse de la música latina, pero para Marta, fue ahí donde tuvo su primer encuentro con la música que le cambiaría la vida. “Mis padres tenían unos amigos chilenos quienes les habían regalado una colección de discos de Inti-Illimani” comenta Marta. “Esos discos se convirtieron en mis favoritos de niña”. En aquellos días (durante la era comunista), era muy difícil conseguir otros tipos de música, pero de haber sabido que era posible, hubiera buscado mucha más música latina”.

Con el paso del tiempo, ella hizo precisamente eso. Siendo una adolescente, ella emigró a Seattle con su familia en la década de los ochenta, lugar donde Topferova se sintió atraída por la comunidad latina y aprendió español de manera autodidacta. “Éramos sólo mi madre, mi hermana y yo, y me sentía aislada pensando que nunca regresaría a mi país. Fue cuando empecé a tener amigos hispanos en la escuela y esa comunidad me atrajo mucho. Fue como un segundo hogar. A través de esas amistades pude involucrarme más de lleno a la música y la cultura latina”.

Siendo adolescente, Marta cantó con el Coro de las Niñas de Seattle durante cuatro años. Posteriormente, ella estudió Música y Danza en Bard College en Nueva York. Marta empezó también a considerar más seriamente la guitarra y la investigación sobre la música latina, buscando grabaciones folclóricas extrañas y a los mismos creadores de los estilos que ella tanto amaba.

“Siempre adoré los ritmos y los géneros latinoamericanos”, dice Marta, “el son, la trova y el bolero... Definitivamente esos estilos folclóricos me han influenciado, pero mi propia música es difícil de clasificar”. Efectivamente, la música que Marta interpreta hoy en día es el resultado de años de estudio, aprendizaje y viajes que la llevaron por España, Cuba, Puerto Rico y México. En España, Marta vivió en Morón de la Frontera, un baluarte gitano en Andalucía, donde estudió flamenco en su propio lugar de origen. En México, Marta logró una de sus primeras apariciones en televisión cuando cantó en el popular programa Fiestas Patrias que era transmitido en Mérida. Sus viajes también la llevaron a las famosas casas de la trova de La Habana, aquellos baluartes de la música tradicional cubana – donde ella se empapó de varias décadas del ingenio musical cubano.

Después de una breve temporada en Miami, Marta llegó a Nueva York en 1996, lugar en donde se adentró a las crecientes comunidades venezolanas y colombianas. Ella consiguió un maestro de canto originario de Venezuela quien la introdujo a los ritmos venezolanos del vals, la gaita y el merengue, y empezó a cantar a dueto con Lucía Pulido, quien a su vez la introdujo a los joropos colombianos y a la música llanera. Con el tiempo ella intercambió su guitarra por el cuatro venezolano, un instrumento más pequeño y de tonos más altos, y comenzó a incorporar estos nuevos estilos a su repertorio musical. Para cualquiera que dude de la autenticidad de una mujer checa interpretando música latinoamericana, Marta ofrece la siguiente respuesta: “la gente sólo me cuestiona cuando no me conoce, pero una ya vez que me han escuchado y se dan cuenta que estudio esta música de manera seria, generalmente quedan muy convencidos. Realmente hoy en día, la música viaja de la misma manera que nosotros lo hacemos, y las fronteras ya no pueden mantener a la gente adentro o afuera”. La música de Marta es una compleja y vívida mezcla de todos los estilos mencionados arriba, interpretados con una poética sensibilidad. Citando el trabajo de Mercedes Sosa, la cantante argentina e icono de la “nueva canción”, Marta explica que es difícil clasificar su música dentro de alguna categoría en específico. “Me imagino que soy parte de la nueva trova”, se ríe Marta, “pero me resisto a denominarlo de esa manera”.

La poesía también es una gran inspiración para Topferova. “Hablo inglés todos los días, pero casi siempre leo poesía en español y checo”, explica ella. “Garcia Lorca y especialmente el poeta argentino Atahualpa Yupanqui han sido muy importantes para mí”.

“Siempre me ha gustado mucho Lorca”, y agrega, “mucho de su trabajo fue inspirado por el flamenco, y yo siempre me he identificado con los gitanos, ya que gran parte de mi infancia y mi vida adulta ha sido nomáda”. En el 2000 ella grabó Sueño Verde bajo el sello disquero Circular Moves/ Rykodisc (el álbum fue lanzado al Mercado hasta el 2003) con su ex-compañero, el guitarrista Enrique López. El disco obtuvo el reconocimiento de la crítica y le dio al público la primera probada de la lúcidas composiciones de Marta así como de las impresionistas letras de sus canciones.

Con su más reciente álbum, La marea, Marta es acompañada por un impresionante par de músicos veteranos: el arpista colombiano Edmar Castañeda y el baterista Chris Eddleton – así como varios miembros de la comunidad musical de Nueva York. Conjuntamente el trío toca con gran pasión una tórrida serie de material original; Marta acompaña su propia voz grave y humeante con un galopante cuatro, Eddleton propone un torrente de percusiones, mientras que Castañeda estremece totalmente con su arpa, tocando la línea de bajo con una mano y melodies con armonía con la otra. El grupo lleva las letras de Marta a nuevos lugares, adicionándoles una suave bossa nova (“Mañana nevada”) e incluso un toque de tangos españoles (“Limonero”) a esta mezcla.

Inundado de imágenes flotantes, desde la canción que le da título al disco hasta el lamento existencial de “Grano de arena”, las evocaciones de La marea sobre la naturaleza y las emociones a flor de piel, son el trabajo de una poderosa sensibilidad poética.

Estoy muy orgullosa de este disco”, dice Marta. “Reúne tantas experiencias diversas que he vivido, así como imágenes e ideas que yo aprecio. Asimismo, estoy muy satisfecha con los arreglos y el conjunto de músicos. Me siento muy afortunada de haber podido ser acompañada de varios maravillosos músicos invitados – la violinista Jenny Scheinman, la flautista Yulia Musayelyan, el cornista Chris Komer, el pianista y acordeonista Angus Martin, el bajista Pedro Giraudo y los percusionistas Neil Ochoa y Urbano Sánchez. He trabajado con todos ellos a lo largo de los años y se han convertido en buenos amigos. Todo se conjuntó de manera tan natural, no lo pude haber planeado mejor”.

Sus contribuciones reflejan el alma generosa y compartida de la comunidad musical Latina. Cuando empecé a cantar en español, no sabía qué tan lejos esta música me iba a llevar, o qué tan lejos yo la llevaría. Pero ciertamente espero que con La marea, pueda darle algo de regreso a la cultura y a la música que tanto me han dado”.